Leyendo el artículo del señor Salvador Sostres en El Mundo de hoy, 10 de noviembre, no puedo contener un profundo escalofrío, pero no de ira, no de rabia ni de indignación: sino de miedo. ¿Miedo de qué, se preguntarán? Miedo de que los espacios de opinión en los diarios de nuestro país sean confundidos con el espacio de opinión que se abre en la barra de un bar: miedo de que la gente realmente escuche opiniones irracionales como la que he tenido la enorme tristeza de leer hoy en El Mundo.
Me explico. En un artículo de opinión en un medio dirigido al gran público, un "periodista" (otra palabra que ha sido tristemente desvirtuada) no debe tener el derecho de emitir un balbuceo sin ningún razonamiento detrás. Sin una cifra, siquiera. El señor Sostres, por ejemplo, termina su artículo con la frase "¿Cuán socialista eres, camarada? Contéstame en miles de euros aportados o calla de una vez". Dejando de lado la triste torpeza de la ironía que utiliza, dejando de lado la observación de que el argumento que da al lector en el fondo es de tipo puramente pecuniario ("yo te daré dinero: ellos no"), lo que no se puede dejar de lado es el hecho palmario de que él tampoco aporta ningún dato numérico, de que pide a sus enemigos que contradigan una información que él nunca nos llega a dar. Es la técnica del maniqueo propuesta por Ortega, pero además mal hecha.
Rectifico: el único dato que nos llega a dar es el siguiente: "En ningún mitin socialista -y ya no digamos comunista- he oído a ninguno de sus líderes animar a los afiliados o votantes a la responsabilidad individual, a la seriedad en el trabajo y a la creación de riqueza para poder luego practicar la solidaridad que tanto reclaman". Y es una información en la que creo, sí señor, creo a pie juntillas: porque es imposible que el señor Sostres haya oído a ningún lider socialista animar a nadie a nada; porque el señor Sostres (y esto es tan evidente que se me revuelve algo al decirlo) jamás ha estado en un mitin socialista.
Hipólito Hidalgo
